La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es la más completa de las incluidas en la Tercera Generación de Terapias de Conducta (Hayes, 2004). Se enmarca en una posición filosófica funcional, se asienta en una nueva Teoría del Lenguaje y la Cognición; ofrece una alternativa a la psicopatología tradicional: la dimensión funcional de la Evitación Experiencial y promueve la investigación.

Dentro de las terapias de Tercera Generación, ACT representa un salto cualitativo porque las técnicas que engloba están orientadas, no a la evitación/reducción de síntomas, sino a que la persona actúe con la responsabilidad de la elección personal y la aceptación de los eventos privados que conlleve ese proceder.

Quienes demandan terapia aprenden a dejar de luchar contra sus experiencias privadas –abrirse a ellas, hacerles espacio y permitirles ir y veTERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO(1)snir sin resistirse. La energía y el tiempo que gastaron previamente tratando de controlar cómo se sienten, es ahora invertida en realizar acciones efectivas (guiadas por sus valores) para cambiar su vida para mejor. De ahí que las intervenciones de ACT se focalizan en dos procesos principales: 1) desarrollar aceptación de experiencias privadas indeseables que están fuera del control personal y 2) desarrollar compromiso y acción orientada a vivir una vida valiosa.

El control es el problema, no la solución. Se trata de incrementar la toma de conciencia de que las estrategias de control emocional son en realidad las responsables de los problemas y de que mientras se continúe obsesionado con tratar de controlar cómo se sienten, están atrapados en un círculo vicioso que incrementa el sufrimiento. El control es el problema, no la solución. Una vez que la “agenda de control emocional”, es respetuosamente desestimada, se introducen los seis principios centrales de ACT, los cuales ayudan a desarrollar Flexibilidad Psicológica. Estos tienen su propia metodología, ejercicios, metáforas y tareas:

1- Defusión Terapia de aceptación (2)Cognitiva: aprender a observar los pensamientos, imágenes, recuerdos y otras cogniciones como lo que son – solo piezas de lenguaje, palabras e imágenes- en oposición a lo que dicen ser –eventos amenazantes, reglas que tienen que ser obedecidas, verdades objetivas y hechos.

2- Aceptación: hacer espacio a emociones indeseadas, sensaciones, impulsos y demás experiencias privadas; permitirles “ir y venir” sin luchar contra ellas, huir de ellas o prestarles una indebida atención.

3- Contacto con el momento presente: brindar total atención a la experiencia en el aquí y ahora, con apertura, interés y receptividad, focalizándose y comprometiéndose totalmente (participando de lleno) en lo que se está haciendo en ese momento.

4- El Yo-observador: acceder al sentido trascendente del ser, la continuidad de conciencia que es imperturbable, siempre presente e impermeable al daño. Desde esta perspectiva, es posible experimentar en directo el hecho de que no somos nuestros pensamientos, emociones, recuerdos, impulsos o sensaciones. Estos fenómenos cambian constantemente y son aspectos periféricos de nosotros, pero no son la esencia de quienes somos.

5- Valores: clarificar lo que es más importante, desde el fondo del corazón, qué clases de personas queremos ser, qué es lo significativo y valioso en nuestra vida y qué queremos representar en esta vida.

6-Acción Comprometida: establecer metas guiadas por valores e involucrarse en acciones efectivas para alcanzarlas.

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