Al finalizar la sesión, los menores sonreían en su mayoría. En cambio los mayores aparecían con signos de haber llorado, con pañuelos en las manos y más bien pensativos. Así fue mi experiencia de adulta. La película COCO y su banda sonora “Recuérdame” provocaba el conectar con aquel sentir de la pérdida ¡Las niñas también la vivieron aunque su respuesta fue tan distinta a la mía!

Ante esas partidas, a veces sin esperar y otras esperadas, cada cual imagina hacia qué lugar, cómo puede ser o qué envuelve a ese ser querido que deja de estar a nuestro lado físicamente. Las preguntas se suceden y las emociones surgen: tristeza, enfado, miedo, felicidad. En algunas ocasiones más unas que otras, o a ratos se suceden o entremezclan. En casa, una pequeña, ha reflexionado sobre la muerte, sobre el estar o dejar de estar, y concluyó sus ideas creyendo en un cielo propio. Dibujó ese lugar… un camino, una puerta abierta, un espacio lleno de color.

Para los niños, acompañar a esa pesona que se está yendo es importante. Que puedan sentir el cariño y darlo al mismo tiempo les ayuda a entender y les facilita el proceso de la pérdida. Es sabido que esto no es lo frecuente. A los pequeños se les oculta o aleja de la muerte, se les evita estar presentes y erróneamente no se les permite experienciar este hecho natural.

El miedo de los adultos se hace evidente y como respuesta, se proyecta hacia los más pequeños. Si este proceso de la partida se vive acompañado del adulto, el cual explique lo que esté pasando y le ayude a expresar sus emociones y a regularlas, la vivencia y el duelo serán más sanos.

Hoy en día, sabemos que los niños pasan el duelo mucho mejor si se les permite estar y ser en esa situación. Si se les comenta el sentir e incluso se les presenta el desconocimiento de lo posterior, la poca certidumbre del después, pueden procesar esta información desde la calma. Ellos no huyen del dolor si el adulto que acompaña lo vive con serenidad, expresando de a ratos la tristeza, el sufrimiento, la pérdida.

Aceptar lo ocurrido viviendo de forma tranquila el trauma, el recuerdo de aquello que ha sucedido nos ayuda, también al niño, a vivirlo de forma natural. Aceptar y recordar la relación vivida con la persona fallecida es fundamental. Las experiencias previas, los eventos, los encuentros, lo que fue y ya no será, nos ayudará a gestionar este proceso. Finalmente, no siempre, podemos experimentar la gratitud, el sentirnos plenos y vivir como si siguieran junto a nosotros.

“Recuérdame”, esta canción de la película COCO, nos hizo vibrar junto al que ya no está

Muchas pérdidas, no necesariamente muertes sufridas anteriormente, pueden irse acumulando, sumando sufrimiento que en muchas ocasiones nos es imposible diluir a solas. Si te encuentras en una situación de pérdida, ante un duelo que te provoca un dolor profundo, pedir ayuda terapéutica para resolver estos traumas intensos, es lo adecuado. Nuestro equipo puede acompañarte, no dudes en solicitar la ayuda necesaria.

Autora: María Goretti González. T-3125 // Psicóloga General Sanitaria – Educativa – Terapeuta Familiar.